Sendero de las flores: El lugar que habito

Desde el este*

Respiro el aire frío. Lleno mis pulmones como la primera vez. 
Hay una fragancia de flores y cipreses mezclada con la lluvia, como una historia de amor 
entre el papel y la tinta. 
La brisa es una balsa que trae los aromas uno a uno. Dejo que me inunden.
En ese momento, soy parte de un mosaico. El universo y yo.

Como cuando nacemos, todo empieza con una mirada: blanco y negro, noir et blanc. 
Y después, los colores. 
El lugar que habito es un poco como yo.

¿Los lugares tendrán alma? 
¿Se quedarán grabados en el corazón de las personas, como en una fotografía? 

A la distancia, añoro ver el horizonte. Está poblado de montañas 
pero, a veces, la niebla borra sus siluetas 
y emerge la línea detrás del agua, la ilusión de eternidad.
Los días de mucho viento traen el eco de la energía del océano. Y sobre el espejo helado las ondas desdibujan el paisaje.
Cierro los ojos. Puedo sentir la sal llegando desde el este en cada inspiración. 
Estoy lejos, pero la magia existe.

El origen, los recuerdos, también son el lugar que habito.
Y como unos ojos hechos de mar, el color azul. 

Cuando iba a la escuela llamaron a mis padres porque pintaba el cielo arriba 
y también a los costados.
“-¿Problemas en el hogar?”
Dejé de pintarlo así, pero el azul nunca dejo de envolverme. 

En cualquier forma del agua estoy en casa. Floto en esa acuarela hecha de instantes. 
Tal vez por eso la fantasía de querer congelarlos. 
Como en un tejido, emociones, mente y corazón se entrelazan con las palabras, los idiomas,
 hasta transformarse en historias.

Hay una hora dorada en la que todo se aquieta y se unen los signos. Aparece el lenguaje, su musicalidad. Surge el texto como un reflejo del alma, una canción en el piano. Entonces, el cielo puede ser un mapa, el agua una pintura. Tengo alas. 
Veo según desde donde miro: no hay bien ni mal. 
Un charco se convierte en la entrada a un mundo, una margarita en una muñeca. 

El lugar que habito es un poco como yo. 
Allí todo el universo está contenido en un cardo. 

Entre luces y sombras, atravieso un puente. Es la hora azul: la foto.


*Desde el este: Dedicado a mis hermanos, porque hemos habitado los mismos lugares.
A Andrés, apasionado del mar. A mi hermana, Susy Libertad, por ser el universo. A mi hermano Mario que leyó y me ayudó a encontrar el título a este texto.