Por una calle cerca del mar: Tres palabras

Tres palabras

Cuando quiero escapar, cuando no puedo, es un ¨va-y-ven¨ incesante.
Hay dos cosas: la mejor, que esa marea me lleve, ser espiral de sal fundida con la brisa, transformar
las lágrimas y hacer pulseras. Dibujar caminos con arena, ir bajo la lluvia en un barco de papel 
cantando esa canción que es toda metáforas.
También podría planear sobre el blanco y que cada palabra sea un pájaro y como una caricia se pose en el lugar preciso, haciendo sonreir a una mirada, navegando el infinito hacia su alma. O hacer algo que me ayude a cambiar el aire, que anestesie. Embriagarme, correr y después flotar por días enteros en el perfume de las flores que cayeron con la tormenta. 
Viajar sobre un río de margaritas caudaloso, hasta encontrar el texto, su estructura.

Pero a veces no puedo y viene la otra parte, la peor: no recuerdo esa canción, no me sale la voz ni una 
palabra. Contra un vidrio veo deshacerse capullos ¿o son copos de nieve? Mi mente se queda sin frenos. Manejo dormida, no puedo abrir los ojos me precipito se mezclan los tiempos y las letras. Se superponen escenas simultáneas: miles de vuelcos, cámara lenta. Me veo desde arriba, desde afuera, pero soy yo. 
Me falta el aire. Una capa blanca como la helada me cubre, la toco y se rasga, desaparece el velo con el que llegué al mundo. Con suerte algo me despierta, me salva.
O puede ser aún peor. Soy un avión cayendo en un pozo, ciego interminable - como los túneles que hacía en la playa buscando el otro lado -. Choco con todos los miedos sin luchar, les veo la cara. Algo me quema adentro. No lo entiendo, no puedo escaparme ni taparlo. Una mariposa vuela. 
Nada me despierta, nada me salva. 

Hasta que casi me rindo, pero no. No logro darme cuenta todavía qué me libera. 
El enigma me lleva y me trae con sus hilos, una corriente azul pero invisible me toma entre sus brazos, 
me apoya con cuidado en el espacio plateado entre horizonte y océano. Siento un beso en la frente.
Respiro, veo detenerse el tiempo. Oigo una voz desde lejos, desde siempre. Viene de adentro de un caracol. Siento el latido del corazón. Un instante. Basta escuchar tres palabras.

Te re-conozco.